
Mi reno, que solo tiene la nariz roja cuando le da mucho el sol, no se llama Rodolfo. De hecho, ahora que lo pienso, no tiene nombre, siempre me he referido a él como «reno».
Hace un par de meses, aprovechando el inicio de las altas temperaturas, envié al reno a un campamento en el Polo Norte. Los motivos no vienen al caso, pero fundamentalmente porque es un reno criado en ciudad y quería que estuviera más en contacto con su hábitat natural. De paso, que aprendiera las habilidades de sus «hermanos» famosos por ayudar a Santa todas las navidades y se pusiera en forma por si algún día Santa le requiriese.
En el campamento le han preparado un programa de entrenamiento de alta intensidad de 60 días que sin duda le está haciendo superarse cada día, tanto física como mentalmente. Le falta un poco de ejercicio de piernas como podéis ver en la foto, si bien me da que ahí influye mucho la genética y de las «piernas palillo» no le libra nadie.
Todavía es pronto para que pueda volar con trineo (y aun así ya sabéis que pocos renos lo consiguen), ¡pero ya puede con cargas pequeñas en la nieve! Poco a poco, es la clave del éxito. La mejor recompensa es saber que cada vez está mejor preparado y que todo pequeño o gran esfuerzo le está haciendo crecer.
Y así, poco a poco, hemos llegado a otro 24. A un cuatrimestre para Navidad va a ser como lanzarse en trineo desde la cima de una montaña: cuesta abajo y sin frenos. En Londres, cómo no…, ya empiezan a vender adornos en muchas tiendas. Aquí en un par de meses ya empezaremos a verlos…
¡Feliz 24!
Foto: Me la enviaron los elfos por correo postal desde el Polo Norte, no sé dónde es exactamente, supongo que en la zona de prácticas del campamento 😀