
Encontrarte a Melchor con su dromedario un mes de abril en mitad de un bosque perdido en los límites de Madrid es algo que no ocurre todos los días. De hecho, suele resultar complicado publicar algo navideño a mediados de año, se debe notar las veces que la relación está metida «con calzador» (como hablar de los almendros en flor que pronto nos permitirán disfrutar de exquisitos turrones…)
Volviendo al bosque perdido… hace unos días tuve la oportunidad de visitar un curioso parque botánico donde los arbustos cobran la forma de diversos personajes y criaturas. Está en la localidad de San Martín de Valdeiglesias, prácticamente en mitad de la nada (solo encontrar la entrada ya requiere de buena vista para no perderse el cartelito a un estrecho camino de tierra).
Una oveja que guarda asombroso parecido con una figurita de mi belén nos da la idea de lo que iba a encontrar…
Seguro que una oveja trae otros infinitos recuerdos a cualquiera que la vea, pero para un navideño tenía que ser la del belén, ¡obviamente! Dicho esto, no os extrañará que también me encontrara a los renos de Santa Claus…






…conseguimos llegar a un lugar inexplorado que nadie había pisado antes (vale, tal vez sean huellas)…











