
Y van siete… aquí estamos un 24 más esperando animosos la llegada de nuestra temporada favorita. Ya nos avanzaba leo en el blog que incluso empieza a haber anuncios navideños de la lotería y también han televisado alguna que otra película de ambiente navideño, ¡la temporada se acerca!
En efecto, estamos ya en el mes de julio, séptimo mes del año del calendario gregoriano. Antiguamente era el quinto mes y no tenía nombre «dedicado» (junio por ejemplo tomaba su nombre de Juno, diosa del hogar y la familia en la mitología romana). En tiempos de Julio César se realizaron algunos ajustes al calendario (alrededor del año 44 a.C.), estableciéndose el calendario juliano y dedicando el que antes era quinto mes a Julio César y el que antes fuera sexto mes al emperador Augusto, de donde derivan actualmente julio y agosto respectivamente.
Tiberio, sucesor de Augusto, decidió no adjudicarse el séptimo mes porque a ese paso iban a acabar con los pocos meses que quedaban sin dedicar. Y por eso septiembre, octubre, noviembre y diciembre toman su nombre de séptimo, octavo, noveno y décimo. Y diréis… si septiembre no es el séptimo, ¡es el noveno!, ¡están locos estos romanos! Es lo que tienen los cambios de calendario a través de las épocas, antiguamente el primer mes del año era marzo y ahora es enero, así que todo se movió dos meses.
De todas formas el calor no entiende de nombres (aunque parece que algo de geografía sí sabe… ¡¡qué calor!!), y por Santiago pinta la uva, el melón y el melocotón. Eso dice el refranero, refiriéndose al 25 de julio, día de Santiago, y a que estas frutas de temporada ya empiezan a adquirir color.
En cuanto terminemos de pintar el bodegón -que menudo trabajo, el melón vale, pero las uvas hay que pintarlas una a una :D- a ver si podemos pintar también un belén, unos arbolitos y hacemos un brindis por la cada vez más próxima Navidad.
¡¡Feliz 24!!
Foto: Periodismo en Línea












