
Aunque el villancico dice que la Navidad es blanca, este año es sin duda el de la Navidad verde.
Recientemente entraba en vigor una medida de la Unión Europea para extinguir de aquí a tres años las bombillas de toda la vida (denominadas incandescentes porque emiten luz gracias a un filamento muy caliente), en favor de otras tecnologías de iluminación más eficientes como los fluorescentes o los LED.
Uno de los problemas principales de la bombillas tradicionales es que sólo un 10% de la energía se transforma en luz, el resto se convierte en calor. Las nuevas tecnologías como los diodos LED permiten aprovechar hasta un 90% de la energía, no se calientan tanto y tienen una vida útil mayor. Aunque son más caras, a largo plazo compensan.
Este año hay muchas ciudades a nivel mundial que están apostando por la iluminación LED para engalanar las calles. La factura de la luz y su mantenimiento resulta más económico y las administraciones pueden presumir de celebrar estas fiestas de forma sostenible.
Por supuesto, en casa no tenemos la factura de 195.016 euros que tuvo la ciudad de Madrid hace dos años por la iluminación navideña (la redujo a 85.000 el año pasado), pero a largo plazo puede resultar rentable sustituir progresivamente el alumbrado que incluyamos en el belén o pesebre, árbol de Navidad, etc. En el caso de los árboles, si son naturales, os lo agradecerán especialmente porque las bombillas LED son mucho menos agresivas con ellos al no calentarse.
¿Cómo vais a contribuir a unas navidades más verdes este año?







