
La primavera está aquí, muchos dejamos atrás el frío invierno y nos adentramos en esta, a veces alocada, estación que sirve de prólogo para la llegada del verano el próximo 21 de junio. En Europa los días se hacen más largos y el cambio de hora del próximo 31 de marzo nos permitirá disfrutar aún más de los rayos de esa preciada esfera incandescente que nos observa desde 150 millones de kilómetros.
Además, la Semana Santa está más a la vuelta de la esquina que nunca, ¡es la semana que viene! Seguro que a muchos les ha pillado por sorpresa porque suele asociarse al mes de abril y no a marzo, de hecho hay que remontarse al año 2008 para encontrar la última Semana Santa marciana.
¿Marciana? Me ha parecido tan cómico el término que no podía ser correcto y, efectivamente, no lo es 😀 Conste que no pongo en duda que en Marte celebren la Semana Santa, y menos después de que hace apenas diez días se publicara en los medios que el robot Curiosity de la NASA había descubierto indicios de vida en Marte. Sin embargo, en esta, igualmente preciada, esfera cubierta en su mayoría de agua y también conocida como Tierra, la Semana Santa de este año no es marciana ni extraterrestre, tampoco es marcina (término no aceptado por la RAE), es marzal.
Creo que es la primera vez que veo ese adjetivo, y creo que debe ser el único mes del año que cuenta con adjetivo asociado (se me ocurría juliano para julio… pero según la RAE solo hace referencia a Julio Cesar, no al mes). Además, casi todas las referencias en Google son a nombres propios, y apenas alguna al trigo marzal o trigo tremesino (variedad que se siembra en primavera y recoge en verano), así como al refrán «viento marzal, buen temporal» (que tampoco conocía porque me quedé en el «marzo ventoso y abril lluvioso hacen a mayo florido y hermoso»).
Tras este inciso cultural e interplanetario, volvemos al tema que nos ocupa y es que ya podemos decir, en sentido figurado, que empieza a gestarse la Navidad: faltan exactamente 9 meses para el 24 de diciembre.
¡Feliz 24!














