Llegaba el final de la línea. Poco antes de estacionar para efectuar el transbordo y continuar el viaje, los pasajeros del convoy comentaban las dificultades que habían tenido durante el trayecto.
Antes de subir ya sabían que el terreno tendría altibajos y que el estado de las vías no era el propicio para desplegar toda la potencia que permitía la locomotora, pero afrontaban el viaje con ánimo y confiando en que superarían todos los percances. Aun así, los abruptos trazados de la línea, los continuos ajustes en el ancho de vía, la niebla que impedía ver el horizonte y diversas circunstancias imprevistas a bordo llegaron a minar el ánimo del pasaje.
Allí estaban, en cualquier caso, esperando la inminente llegada del tren que les transportaría por un nuevo e inexplorado territorio. Conscientes de que el viaje tenía que continuar porque quedarse en el andén sería un grave error. Convencidos de que encontrarían fuerza y motivación para adaptarse a cualquier eventualidad, independientemente de en qué asiento viajaran. Seguros de que la Esperanza de la Navidad les acompañaría durante el trayecto.
Feliz 2014










